El Maestro y el Alumno, el Padrino y el Ahijado: ¿Quién enseña a quién?

Es un asunto muy bien conocido que en los últimos años, la religión del sistema Ifá-Osha ha tenido un vertiginoso crecimiento en el mundo, América y especialmente, Venezuela; mucho más en los últimos 30-20 años, esto se debe a que las religiones siempre están asociadas a las necesidades más íntimas del ser humano de refugiarse en momentos críticos en la fe, es claro que no hay quien no ore e implore a su sistema de creencias, su Dios particular o Creador cuando se está frente a una prueba importante o coyuntural, en alguna etapa de nuestras vidas.

En estos procesos de adaptación y de búsqueda de la identidad espiritual, por las causas que sean que la motiven: salud, libertad económica, estabilidad laboral, de hogar, familiar o de pareja, siempre son seguidos por personas honestas, que tienen en su haber un elevado sistema de valores, sinceridad, constancia, fe, disciplina, una larga lista de valores que son transmitidos con tenacidad y entrega. Pero también este tipo de búsqueda está a merced de los oportunistas, enajenados autonombrados iluminados, fanáticos de toda índole, piratas de la fe, embaucadores y estafadores, quienes también usan con tenacidad, astucia, inteligencia y un tanto de razón convenientemente manejada con ventaja personal, argumentos para captar a ese gran conglomerado de gente que busca en la Religión, una salida por medio del crecimiento espiritual y material, de las pruebas que les enfrenta la vida. Si estos oportunistas usaran esa fuerza para hacerlo bien, esta sería sin duda, la primera religión del mundo. Claro está, no estamos compitiendo para eso.

Por eso bien lo dijo Nietzsche: “Las religiones son el opio de la humanidad.”

Se nos hace necesario a los seguidores de esta increíble forma y filosofía de vida, generar contenidos de formación y educación, absolutamente plenos de ética y moral, para así impartir una doctrina de gran nivel espiritual y cognoscitivo, de tal manera que las generaciones de relevo puedan seguir diciendo con orgullo: Soy Bàbálàwo o soy Òlórisha, soy Lucumí, soy Yorubá, soy seguidor de la Santería. Sabemos que este término ha sido muy atacado y mal comprendido en los últimos tiempos y eso se debe justamente a aquellos malos exponentes de nuestra fe, que tanto daño le han hecho a esta religión, enterrándola al nivel de culto mediocre y ocultista, quitándole su merecido lugar en la historia evolutiva de la humanidad. No en vano, organismos como la ONU, la UNESCO, la UNICEF y una larguísima lista de Instituciones Internacionales dentro y fuera de las fronteras de cada país, ha ordenado y/o refrendado su preservación, por y para la humanidad, convirtiéndola en Patrimonio, intangible, inmaterial y cultural de la Humanidad, como una de las tradiciones y Oráculos más ricos del mundo en lo que a religión se refiere. En América, Brasil, Cuba y Venezuela, por nombrar tres casos, se han conformado en ejes de crecimiento y especialización de esta corriente del pensamiento. Su papel ha sido definitivo y decisorio en su reconocimiento mundial. Se le considera como la quinta religión emergente más importante y de mayor crecimiento del mundo y siendo así, el Vaticano le ha reconocido junto a las otras grandes religiones del Planeta. Esto es una gran noticia pero sigue siendo entonces objetivo de quienes piensan que por esto ser así, pueden encontrar espacios para el lucro personal, económico, material o para ser usado en pro de los sentimientos más oscuros del ser. Solo educando y formando con ética y moral es que podemos proteger a nuestros seguidores. Para ello, debemos empezar por nosotros mismos, siendo ejemplo de las generaciones de relevo.

El que conoce a los demás es un erudito; quien se conoce a sí mismo es un sabio”.

Lao-tse

Las directrices de la vida cotidiana, las dan la moral, mientras que lo que se entiende a través de la reflexión y su comprensión (de la moral), lo hace la ética, siendo aparentemente diferentes, no lo son y son una dupla esencial en la vida del religioso y uno de los pilares de la cadena de enseñanza del Padrino hacia el Ahijado; la transmisión de las buenas normas, valores y costumbres, entre ellos, se forja en el día a día las bases de un código o conjunto de reglas, que han sido transmitidas de forma igual por quien seguro fue el Maestro, el Padrino del que luego tocará la gran responsabilidad de ser el retransmisor de esos saberes que debían ser cuidados con celo y total mística y que, ahora, hoy día, toca comunicarse de la manera más originaria, al nuevo receptor, quien será un reflejo de todos los principios y valores no solo de su propio ser, sino un reflejo fiel y continuado de quien es su tutor, mentor y Padrino, un Maestro. A veces este vínculo es tan vital, poderoso y místico, que el ahijado, quien se considera a sí mismo no sólo un cliente o ahijado, agrega y vincula a su propia FAMILIA, HIJOS, PADRES, PAREJA, en manos de quien llega a ver más allá… como un padre puesto por la vida. ¡¡Que tremendo honor, privilegio y responsabilidad!!

Este vínculo es tan poderoso que cuando elegimos mal y en quien depositamos ese gran tesoro, nos falla, lleva a su seguidor a sentir un dolor imborrable para el resto de su vida, tanto como el de la pérdida de un ser increíblemente amado y notable de la vida de un ser humano. La elección del Padrino o Maestro debe ser hecha con gran cuidado y tino, porque esas pérdidas normalmente son irreparables. Por esta razón, con toda seguridad del 80 al 90 por ciento de los seguidores de esta filosofía a nivel mundial, no están o caminan con sus padrinos naturales o están en condición de “orfandad”. Esto es profundamente negativo porque seguro conlleva a la experimentación, a las aventuras de auto educarse o de ser víctimas de los inescrupulosos de oficio, convirtiéndose en un tsunami de malas prácticas de la nueva no Religión. La Antireligión.

Cada ilé-egbe (casa), rama, linaje o línea, indudablemente tiene sus propias normas y entre ellas, la moral y la ética deben prelar, no sólo por los clientes o ahijados, sino porque seguro hoy nos toca ser discípulos o seguidores, pero mañana seremos los maestros del futuro y por tanto, la bandera y la causa de como trascienden los que antes dejaron sus conocimientos en nosotros. El fin del ser humano es trascender y es mandato de nuestra religión hacerlo con dignidad y orgullo. No se debe olvidar:

Los que dejan una huella, nunca mueren”

Los cultos de tradición africana y especialmente Yorubá, transitan por un difícil momento en el cual está en peligro su permanencia, varios fenómenos han transcurrido e incidido en su historia para que esto sea así, no solo la colonización europea ha generado daños tremendos, es opinión de este autor, que la nueva idiosincrasia de los pueblos y en lo que nos atañe, la conducta desarrollada por los latinoamericanos y los nuevos iniciados, no todos por supuesto, esta allanando el camino de la desaparición de la cultura que justamente se quiere recuperar, rescatar y “salvar”. Sabemos que nuestros Òrísha y nuestra filosofía no requieren que la “salvemos”, más es una obligación crecer en nuestra fe para salvarnos a través de ella y su ancestral sabiduría.

No es precisamente la educación eurocéntrica ni el sistema de educación el que así lo está haciendo, sino la deformación de la educación desde el hogar, transformando los códigos de conducta y el comportamiento moral de una nueva generación de iniciados, consagrados, pero no religiosos. No nos es de extrañar, entonces, que tengamos “Padrinos” o “Maestros”, complacientes, que sin ningún criterio más que el de obtener dinero, reciben cantidades de personas que no son llevadas al buen vivir, más bien se hacen socios y parte de sus actividades y hasta tarifan o piden participaciones o porcentajes, otros, los menos atrevidos, cambian “protección” y “contras” por un vehículo, una casa, una empresa o cualquier cosa que sea necesaria para agrandar el patrimonio o bolsillo del “Padrino”. Entonces nos encontramos con una nueva religión en la que un ladrón puede ser exonerado o perdonado por el Òrísha ya sea por el èbó realizado y si cuenta, por supuesto, con la ayuda de su experto Padrino o Maestro. Ese sería el “Padrino ideal”. Sin embargo en medio de esos ambientes hay una gran mayoría, que no comulga con esas prácticas de picardías y ventajas, quienes con gran amor a sus Òríshas, a sus ancestros y gran respeto a sus principios, cuestionan, se defienden, buscan encontrar su propia identidad religiosa, esos, son los primeros en huir para nunca más volver a esos lugares donde el mal ejemplo son el día a día de la fe. Esos son los que debemos proteger y apoyar. Hay una cultura de resistencia, ética y moral.

Dentro de nuestra fe, existe un poderoso código ético, que hace que sus miembros y seguidores puedan funcionar y mantenerse unidos, la moral y la ética van de la mano con ese sentimiento, este gran grupo de religiosos ya no tienen que temer y NO temen al látigo, ni del esclavista antiguo, ni de la sociedad moderna; se ha levantado para lograr las conquistas que en los últimos cien años habría sido difícil obtener, esta nueva élite de religiosos está en formación y es indetenible su consolidación. Ya es un hecho, que otras tendencias de pensamiento, antisociales y anti religiosas, aunque lo nieguen, se volverán minorías, ante la fuerza, la cantidad de adeptos y la existencia de la validez de nuestro Cuerpo literario y filosófico de los Òdu de Ifá, que traído por los cientos de miles de esclavos africanos se asentó, permaneció y prevaleció hasta el día de hoy, a pesar del empeño del humano contrario a estos valores y de las pseudo instituciones deformadas con aires de modernismo que desea hacer una moderna inquisición. Ese tiempo, debe quedar atrás.

Es seguro que los conceptos de esta religión, nos lleva a buscar los atributos que un individuo debe poseer, antes de ser considerado una buena persona y la falta de estas cualidades, significa que la persona será descrita como una mala persona. Estos atributos denotan honestidad, decencia, trabajo duro, integridad, no ser egoísta ni egocéntrico, etc. Esto es apenas un inicio de los atributos que debe poseer un buen religioso que se precie de ser considerado Padrino o Maestro. Éste, debe ser alguien que se comporta como alguien bien educado y vive bajo los preceptos de la educación que ha recibido incluso desde el hogar. Ahora, nuestros ahijados y alumnos nos muestran el camino hacia la excelencia y el crecimiento espiritual, por su cantidad y fuerza, ellos son ahora los Maestros que nos llevarán a través del rescate de nuestros valores, a crecer y prevalecer como fe, o a desaparecer. Así bien lo dicta la filosofía de Ifá y nuestra Regla de Osha.

No debemos olvidar que nuestra misión es:

Ser ojos, corazón y boca de los Ancestros, los Òrísha e Ifá”.


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Juan Manuel Ceballo Obara Sa
Juan Manuel Ceballo - Awo Obara Sá
Secretario General de ANSI at | isowo16@gmail.com | + posts

Awo ni Orúnmila Obara Sá (1992). Oni Shangó (1982). Asesor de Empresas.

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